Una vez me enamoré de alguien que creí perfecto para mí. Era lo que yo siempre deseé de la vida...
sencillo e inteligente. Dificil, lo específicamente complicado para volverlo delicioso ante mi. Y lo suficientemente fácil como para que fuese del mundo, del aire, del viento y de la luna...
Y lo amé, lo amé como a ninguno.
Y me amo? No lo sé... Sigo sin saberlo, y sé que JAMAS lo sabré..
Y llegué a pensar que el sólo hacerlo me haría feliz..
Pero no.
Nada de eso.
Y un día desperté de mi largo y entonces supuesto letargo... y dejé de amarle... porque la realidad me consumía cada vez más, siempre más y más...
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