martes, 27 de abril de 2010

Una mas al olvido...

No es igual. Es diferente.. ¿Puedo escribirte una carta de amor ahora? Ahora que estás más ausente que lejos, ahora que vives a un lado de mis olvidados recuerdos... ¿Me permites usar tu nombre una vez más? ¿Teclearlo una vez más?...
De nuevo algo [nuevo] te ha traido a mis pensamientos... Sé que no ebo, sé que le prometí a mi luna no volver a ti, por más doloroso que fuese, pero... Ambos sabemos que ya no duele.
Esta clase de amor ya no duele.

¿Entonces puedo?
No serán como las cartas que te mandaba entonces, lo prometo. No estará llena de puntos suspencivos que escondian besos y mensajes subversibos. No te dirán lo mucho que te amo (no lo harán nunca más), ni lo mucho que te extraño.
Lo prometo.

Si bien, pues te escribo a ti de nuevo.
Por esta última vez, previa a la siguiente última vez que lo haga.

¡Adivina! Estoy donde siempre, en el mismo lugar, con los mismos ojs, el mismo cabello, y muchas faltas de ortografía menos. He crecido ¿te das cuenta?... Ya no soy igual, y deseo eso te alegre tanto como me alegra a mí.
Han pasado tres años... De esos que se pasan como agua entre las manos. Pido disculpas si rompí mi promesa de recordarte cada día de mi existencia. No se puede convivir con tanto dolor, es imposible, y lo sabes. Por eso decidiste marcharte...
Y no te juzgo, ahora sé que fue lo mejor para ambos.
Me pregunto cuántas veces me he pedido perdón... He pedido perdón a ambos, tanto a ti como a mi infinidad de veces. Ojalá pudieras escucharme al menos una de ellas, que te enteraras que me arrepiento de toda mi inmadurez, de haberte fallado, de haber sido la tonta niña de 15 años que los dos pretendíamos ignorar pero que ahí estaba, en mí, y que tenía arrebatos correspondientes a si misma. Quisiera que entendieras que si hubiera dependido completamente de mi, aún seguiríamos presentes. No juntos, pero sí vigentes.
La distancia no hace al olvido, sino al contrario.
Esa noche yo lloré mucho. Esa y muchas otras, y lloramos juntos, maniatados, glorificando nuestras almas, bendiciendo los tiempos, odiando los espacios. Éramos sumamente incoherentes y yo... y yo te amaba tanto. Y sé que me amabas, sé que me amaste, y que aunque jugaras, no dejaste de hacerlo hasta mucho tiempo después.
Y yo dejé de hacerlo hace poco. Aún siento cómo el aire se cuela por ese espacio vacío que dejaste. Odiaba mi corazón en blanco. Pasé muchas tardes sumergida en música a alto volumen, gritando, gritandote... "porqué?"...
Y claro. La respuesta no era otra mas que mis nervios al verte ahí, y al sentirme tonta me confundía más.
Yo era tonta... ¿Porqué me querías?...
Tal vez un día sencillamente te diste cuenta.
Pero soy diferente, y no te exijo nada. Sólo le pido a este momento guarde silencio, para poder oir el eco de mis tecleos, ellos que dicen lo que mi voz se ha cansado de repetir y de ser ignorada.

Todo pasa demasiado rápido.
Ahora soy lo que llamarías "una mujer"... Y sería tremendamente dificil afrontar todo lo que me ha ocurrido estando frente a ti. Las caídas masivas y profundas, los altos vuelos con alas de cera, el puñado de polvo de estrellas que intensifica mis sueños, la lluvia que camuflajea mis lágrimas, la luna que calienta mi alma mucho más que el sol a mi piel, todas las caricias de verdad y de papel que han pasado por aquí y por allá, tu y yo, y mis estúpidas esperanzas de volverte a ver un día, sólo eso, y entonces morir en paz, feliz, y nada más...

Quizá sigo siendo tonta. Pero soy una tonta diferente. Ahora me amo.
Y bien es cierto. No te necesito.
Pero a veces te extraño.
A momentos te pienso, y siento de vez en cuando tus brazos rodeando mis brazos.
Siempre me quedé con el deseo de oler tu cabello.
¿Será ese un pecado?
Tal vez sí. Y a su debido momento también me arrepentiré de él.
.....

Haz sido una maravilloza experiencia en mi vida. Le diste VIDA a mi vida y te lo agradezco. Si yo no hice eso en ti, lo lamento. Casi hubiese abandonado todo por ti... pero había demasiado en contra.

Te dejo un beso. De esos gráficos que hacían que cerráramos los ojos y nos estremeciéramos, cada uno sentado frente a la pantalla, encerrados en su propia habitación.
Te dejo un abrazo. De esos que te daba cuando peleabas con tu padre, con ella, con quien fuera. De esos en donde yo te contaba, quería tirarte al piso kitarte la camisa, y oir tu corazón sin prisas, que bien es sebido, estería corriendo lo más rápido posible, porque te emocionaba la idea, tanto o más que a mí.
Caray... en verdad que te amaba.

Una poesía más para tu alma.
Para ese pedacito que olvidaste de ella cuando te fuiste.

Si alguien sorviera mi sangre justo ahora, y pudiera saborear mis memorias y mis sentimientos justo ahora, la lengua le sabría a dulce amargura, y sus ojos deleitarían esos muchos sueños en donde te tenía cerca... Porque soñando era la única manera de lograrlo...

0 comentarios: